| 1 cuota de $38.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $38.900 |
| 1 cuota de $38.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $38.900 |
| 3 cuotas de $12.966,66 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $38.900 |
| 2 cuotas de $23.017,13 | Total $46.034,26 | |
| 6 cuotas de $8.822,52 | Total $52.935,12 | |
| 9 cuotas de $6.605,22 | Total $59.446,98 | |
| 12 cuotas de $5.552 | Total $66.624,03 | |
| 24 cuotas de $4.143,01 | Total $99.432,29 |
| 3 cuotas de $15.727,27 | Total $47.181,81 |
| 3 cuotas de $16.575,29 | Total $49.725,87 | |
| 6 cuotas de $9.128,53 | Total $54.771,20 |
| 6 cuotas de $9.194,01 | Total $55.164,09 | |
| 9 cuotas de $6.879,68 | Total $61.917,13 | |
| 12 cuotas de $5.634,34 | Total $67.612,09 |
| 18 cuotas de $4.569,45 | Total $82.250,16 |
Para las ciencias humanas, los mundos campesinos son algo remoto. A pesar de que cada día se vuelve más y más evidente que la vida en la Tierra depende, precisamente, de lo que suceda “en la tierra”, se sigue situando esos mundos en el pasado y en un afuera del pensamiento, una terra incognita. Paradójicamente, la vida campesina es “pensada” por cientistas que no trabajan los suelos, pues, según parece, esa vida no puede “pensarse a sí misma”, desde las prácticas conjuntas y las voces humanas y vegetales que habitan los campos.
Esta exclusión, necesaria para conservar el paradigma de la Economía y la Producción, viene de lejos: fisiócratas, liberales y marxistas han discriminado ontológicamente a las plantas a lo largo de la historia, habilitando una distancia que permitió explotarlas mejor.
Este libro se propone rastrear y combatir esa distancia. Pero para ello hace falta “animar” el mundo agrario, atender al hecho de que las plantas son seres sensibles e inteligentes y, por qué no, intuitivos. Desarmando sus propias persistencias teóricas, y entregándose a lo que llama una “etnografía especulativa”, Dusan Kazic descubre que los campesinos y las campesinas animan a las plantas desde siempre, que existe una ecología afectiva que los hace trabajar en conjunto, y que de ese modo emerge un mundo generativo más que productivo, cooperante más que extractivo.
Así, a través de los gestos de recolectar, trasplantar o desmalezar, y de historias contadas por quienes conviven con las plantas, se vislumbra un mundo no idealizado donde hay lugar para amarlas o maldecirlas, comerlas sin por ello retirarles el afecto, cuidarlas y ser cuidados por ellas, disculparse ante el descuido o la fatalidad, abandonarlas y regresar a ellas, sufrir y gozar por y con ellas, vivir y morir junto a ellas. Y seguir fabulando posibles inseparados.
