| 1 cuota de $27.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $27.000 |
| 1 cuota de $27.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $27.000 |
| 3 cuotas de $9.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $27.000 |
| 2 cuotas de $15.975,90 | Total $31.951,80 | |
| 6 cuotas de $6.123,60 | Total $36.741,60 | |
| 9 cuotas de $4.584,60 | Total $41.261,40 | |
| 12 cuotas de $3.853,57 | Total $46.242,90 | |
| 24 cuotas de $2.875,61 | Total $69.014,70 |
| 3 cuotas de $10.916,10 | Total $32.748,30 |
| 3 cuotas de $11.504,70 | Total $34.514,10 | |
| 6 cuotas de $6.336 | Total $38.016 |
| 6 cuotas de $6.381,45 | Total $38.288,70 | |
| 9 cuotas de $4.775,10 | Total $42.975,90 | |
| 12 cuotas de $3.910,72 | Total $46.928,70 |
| 18 cuotas de $3.171,60 | Total $57.088,80 |
La felicidad puede encontrarse en una pista de patinaje sobre hielo, no importa las veces que caigas ni lo estrepitosas que sean las caídas. En hacer un muñeco de nieve, o en revisitar argumentos para convencer a una amiga rusa de lo apasionantes que son las novelas de Jane Austen, o en descubrir el erotismo de los Juegos Olímpicos mientras se intenta aprender a tirar con arco y flecha. «Qué maravilla estar entre humanos y no entender nada», afirma Virginia Higa en el primer párrafo, regalándonos casi sin proponérselo una contraseña de lectura para este libro repleto de asombros e impresiones.
Unos meses antes de publicar Los sorrentinos, su aclamada primera novela, Virginia Higa se fue a vivir a Estocolmo, en donde formó una familia y comenzó a escribir estos textos que combinan de manera personalísima el ensayo y la crónica como una forma de dar cuenta de cómo es vivir en un país de noches largas y abundancia de vocales. Un recuento de los amigos y amigas que recibe en su casa sueca la lleva a una hermosa reflexión sobre el sentido de la hospitalidad. La crianza de un niño pequeño, a descubrir los límites de una sociedad así como alianzas inesperadas. En la senda de sus admiradas Hebe Uhart, Natalia Ginzburg y Wisława Szymborska, Virginia Higa puede posarse tanto en las pequeñas como en las grandes cosas y no hace distinción entre la curiosidad intelectual y la experiencia sensible.
El hechizo del verano es una invitación a abrir la mirada y a dejarse encantar por el humor, la inteligencia y la enigmática belleza de las palabras, como en las buenas conversaciones.
