Las vías de la herida - Leandro Gil

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“No me dejes así, así no. No me dejes así, así no. No me dejes así, así no. No me dejes así, así no. No me dejes así, así no…” una y otra vez soñé con esas palabras y la imagen que absorbían mis pupilas al dilatarse y dibujarse ante mí el “Jujuy” que bautizaba aquella estación de la línea E del subterráneo porteño.

Me representé desde una perspectiva ajena a mi punto de vista en primera persona y me observé de cerca deambular enajenado por aquel andén de la aniquilación personal.

En aquellas visiones me pregunté hasta el cansancio qué hubiera sucedido de haber existido la mínima posibilidad de reaccionar a tiempo.

Me ví a pocos fotones de distancia tomar la carrera fatal a las luces de la formación y sin poder despegar mis labios para expresar vocablo alguno no fui capaz siquiera de insinuar impedir lo que ese salto desencadenaría.